Una historia personal
Fue a finales de 1989. Lacalle había sido electo presidente. Yo iba a integrar su equipo económico. Escribía columnas en Búsqueda. Debía dejar de hacerlo. Me reuní con Arbilla, el jefe.
Había conocido a Danilo Arbilla en la redacción de la calle Treinta y Tres, cuando Jorge Caumont, a la sazón mi profesor de micro economía en tercero de facultad, me invitó a trabajar en Búsqueda, a finales de 1983. Un fenómeno Danilo, con quien el “usted” que hasta hoy conduce nuestro trato nunca impidió el afecto y el cariño recíprocos.
Me dijo entonces: “Mire, Javier, usted va a estar en el gobierno y yo acá, en Búsqueda. Nos vamos a pelear tarde o temprano”.
Le dije que no imaginaba tal situación, que ello no iba a ocurrir.
Insistió: “Sí, así será, y yo voy a tener razón y usted no, pero va a pasar y después seremos amigos como ahora”.
Arbilla la tenía clara. Fue tal como el anticipó. En medio del fragor de la batalla en el gobierno, con tensión y nervios en el año del ajuste fiscal más grande de la historia (el nuestro, no el de Milei), un día me despaché contra Búsqueda (que no hacía otra cosa que su trabajo) ya ni recuerdo por qué. La respuesta de Arbilla fue contundente: me hizo protagonista de las “Frases de la Semana” con seis o siete grageas que me pegaron duro (dichos míos, por cierto).
Dos años más tarde estaba escribiendo columnas en Búsqueda y hasta el día de hoy hay un afecto y una consideración mutuos a prueba de balas.
Unas décadas después, me encontraba con una persona de mi amistad, a quien había invitado a almorzar en vísperas de su acceso a un gobierno. Décadas de amistad con esta persona. Le conté aquella historia con Arbilla y le dije: “ahora soy yo quien te digo a ti lo que Arbilla me dijo entonces”.
Sólo me equivoqué en una cosa: esa persona no volvió a ser mi amiga. Lo cual lamento mucho. Pero no fue mi decisión sino su reacción ante la crítica. Crítica que corresponde realizar profesionalmente a quienes de un modo u otro ejercemos el periodismo, ya sea mediante información, investigación o, como en mi caso, con opinión y análisis. Más allá de amistades, afectos, afinidades y cualquiera sea la relación con quienes ejercen la función pública.


