Un ministro “anonadado” ante planteos empresariales
En un programa radial el ministro Gabriel Oddone (que está librando una bienvenida batalla cultural) se manifestó “anonadado” por “la cantidad de gente que le reclama al Estado cosas para ellos”, cuando al mismo tiempo “reclaman que se baje el costo del Estado, que no tengamos un Estado tan grande”. Días después volvió sobre el tema en un evento empresarial y expresó que “en un país un poco más ordenado económicamente como es (hoy) respecto a hace 20 años, (el Estado) tiene que jugar un papel menos relevante de lo que ocurrió siempre”. Enfatizó que “no es correcto que el Estado resuelva la cantidad de cosas que algunos empresarios -no todos- creen que les puede resolver: que el tipo de cambio, que el precio de los combustibles, que las paramétricas por las cuales ajusta el precio de suministro al Estado. Un conjunto de seguros que el Estado fue construyendo, porque era un país inestable, propenso a estos fenómenos, que hacía que bastara una negociación, una rebaja de impuestos, una exoneración tributaria acá, un subsidio por allá” para que una empresa o sector pudiera “seguir tirando”.
No es casual que esas reflexiones del ministro se den al mismo tiempo que se ha presentado un proyecto de ley en pro de la competencia (que no de la competitividad), que posiblemente pise demasiados callos. Y no sería de sorprender que algunos de quienes ahora se ven venir el final de su propia canonjía, sean de los que posan de “liberalotes” siguiendo la moda en boga allende el Plata.
Como no resultó sorpresivo, a comienzos de los 90, que empresarios (en algún caso con discurso liberal y asesor ídem) se allegaran a Paraguay y Colonia ante una política comercial (primero unilateral de nuestro gobierno, luego, del Mercosur) que haría caer privilegios industriales (que esa es la palabra, no “proteccionismo”).
En ese momento se estaban desmantelando privilegios de la política de sustitución de importaciones que habían sobrevivido a la apertura comercial impulsada por el ministro Végh Villegas una década y medio antes.
Aquella política había construido un castillo de naipes con acumulación de privilegios industriales: aranceles siderales, cupos para importar, prohibiciones lisas y llanas para hacerlo, tipos de cambio múltiples, créditos subsidiados de la banca pública, detracciones sobre las exportaciones. Política que daba lugar a una exacción de recursos de los exportadores, principalmente el agro, y de los consumidores, que beneficiaba a industriales y sindicatos, que la compartían.
La política de sustitución de importaciones, de las peores políticas que se aplicaron en esta comarca, tenía su fecha de defunción escrita desde la misma fecha de su nacimiento, máxime en una economía pequeña a la que rápidamente se llegaría a abastecer con producción nacional.
En ese contexto, dominan la escena los “rent seekers”, que se traduce como buscadores de rentas, empresarios que buscan ingresos mediante lobby ante el gobierno. Por oposición a los “profit seekers” o buscadores de beneficios, que procuran el mismo propósito, pero mediante prácticas sanas, innovando, buscando nuevos mercados, abatiendo costos.
Precisamente a comienzos de los 90, el economista Martín Rama publicó “El país de los vivos”, donde analiza las causas del menor desarrollo de nuestro país y de su alejamiento, en términos del PIB per cápita, de otros países que décadas atrás integraban el mismo pelotón. La búsqueda de rentas es una de las razones explicadas por Rama en su obra.
Oddone, que conoce como pocos nuestra historia económica, sabe de todos estos antecedentes y en ese sentido no debería anonadarse. Pero quizá este sentimiento se deba a que también sabe que el país de hoy no es el mismo de entonces, como bien lo refleja la cita referida al inicio de esta columna. Sin dudas, hemos pasado de un país del tipo “rent seeking” a uno del tipo “profit seeking” y las experiencias referidas, de mediados de los 70 y de inicios de los 90, tienen enorme responsabilidad en ello. Y sabe también, que, en un mundo con la evolución vertiginosa que tiene el de nuestro tiempo, la búsqueda de rentas es una política insostenible.
Pero, nos guste o no, en esta penillanura suavemente ondulada, las malas políticas siguen siendo consecuencia de alguna de las cuatro íes siguientes: ideología, ignorancia, idiosincrasia e intereses creados. Y es posible que la tercera, y especialmente la cuarta, abonen los comportamientos que dieron lugar a las reflexiones del ministro.
Sin embargo, para ser justos, algunos de los ejemplos que dio el ministro ante los empresarios no son de los mejores para reflejar sus ideas en la materia.
Oddone insiste reiteradamente que desde la macro no hay nada para hacer en materia cambiaria. Es notorio que el del dólar es el precio más barato de nuestra economía y que vuelve caros a todos los bienes y servicios, más allá de las especificidades de los respectivos mercados, regulaciones, etc. Y el atraso considerable en ese precio tiene origen en una mala combinación de políticas macro económicas que lleva muchos años y que aún hoy está vigente, con un déficit fiscal cercano a 5% del PIB que pone al Gobierno del lado equivocado en el mercado de cambios. Si la política fiscal hiciera un buen trabajo, mucho menos se hablaría del dólar.
Algo parecido sucede con los precios de los combustibles, que, si bien se han manejado muy acertadamente durante la actual guerra de Oriente Medio, cargan con mochilas pesadas que los encarecen: el subsidio a Bella Unión, las pérdidas en la producción de cemento, parte del subsidio al consumo de super gas y, en el caso del gasoil, el subsidio al fideicomiso del transporte. Si estas mochilas no existieran, serían mucho menores los planteos empresariales referidos a los precios de los combustibles.
Tiene razón el ministro en señalar planteamientos empresariales inconvenientes, a los que no debe llevar el apunte, y también en insistir en que el país no es el de otrora, que hacía entendible invertir horas en antesalas de oficinas públicas. Es posible que haya resabios del país de los vivos y del rent seeking.
Pero no se puede meter todo eso en la misma bolsa con reclamos justos que derivan de malas políticas y que, aunque éstas vengan desde tiempo inmemorial, no atenúa la responsabilidad de quienes están a cargo aquí y ahora.


