¿Argentina derrotó a la inflación?
En una reciente conferencia puntaesteña, un reconocido colega argentino, que no pertenece al gobierno pero que, notoriamente, está alineado con él, expresó que Argentina “derrotó a la inflación”.
Expresión que está en línea con el relato oficial argento, con una frondosa inflación de logros y bastante de contabilidad creativa.
Cuando se ve que en los últimos 12 meses la inflación argentina estuvo arriba del 30% y que en el último trimestre se aceleró, aquella expresión luce más equivocada que exagerada.
En noviembre, en la Conferencia Anual de FIEL, en Buenos Aires, Ernesto Talvi hizo bien en recordar cuánto cuesta bajar la inflación de dos dígitos a uno, frente a lo relativamente sencillo que resulta bajarla de tres a dos.
Para ello puso como ejemplo, entre otros, al caso uruguayo de los 90, cuando terminamos con la inflación crónica, una “señora de cuatro décadas” y fuimos a un dígito.
En los 12 meses a enero de 1991 la inflación fue de 133,7%, el máximo relativo en decenas de años. Sólo ocho meses más tarde, en septiembre de 1991, se encontraba en 91,5%. Pero luego debieron transcurrir 85 meses (siete años y un mes) para que cayera del 10% y se ubicara en 9,9%.
En Argentina alcanzó su máximo relativo en abril de 2024 (289,4%) y nueve meses más tarde, en enero de 2025, se ubicó en los dos dígitos (84,5%).
Siguiendo los dichos del presidente argentino, si no están emitiendo dinero, es curioso que la inflación siga tan campante. Quizá no se trate sólo de “un fenómeno monetario” sino que también jueguen cosas tales como la inercia y la corrección de precios relativos.
Es claro que pasar de tres a dos dígitos pega bien en el bolsillo de la población. Nosotros lo sabemos. Pero eso no implica que la inflación esté derrotada ni mucho menos. Lo más difícil para lograrlo, está por venir.
Es muy probable que a ellos no les lleve los siete años y pico que nos llevó a nosotros, con un programa gradualista. Pero les llevará bastante más que el paso anterior.


