A propósito del “retorno” de Talvi: de la ingenuidad al aterrizaje en la realidad
Ernesto Talvi volvió a ser noticia en los últimos días, después de más de cinco años en los que se supo de él por artículos publicados en su carácter de investigador del Instituto Elcano de Madrid.
Lo fue debido a su reciente incorporación al equipo de asesores del Ministerio de Hacienda de Argentina.
Y, en ese contexto, se difundieron expresiones y conceptos vertidos en una entrevista realizada en ocasión de su participación en la 60ª Conferencia Anual de FIEL el pasado noviembre en Buenos Aires, donde fue el orador principal.
En esa Conferencia, Talvi expuso sobre el plan de estabilización uruguayo de los 90 y destacó un concepto totalmente cierto: bajar la inflación de tres a dos dígitos es relativamente sencillo, pero bajarla de dos a uno es bastante más complicado. El caso uruguayo de aquellos años es un perfecto ejemplo de ello. El caso actual de Argentina apunta a confirmarlo.
En nuestro país, pasar del máximo de 134% de enero de 1991 a dos dígitos llevó ocho meses (92% en septiembre de ese mismo año) y alcanzar a un dígito insumió siete años y un mes (9,9% en octubre de 1998).
Más allá de que ese concepto (reitero, cierto), se da de bruces con el voluntarismo del presidente Javier Milei, que viene prometiendo una inflación cero desde antes de asumir (ahora la promesa se devaluó a empezar con cero la inflación mensual en algún momento de este año), lo que más quiero destacar es un pasaje de sus declaraciones en aquella entrevista.
En concreto, cuando Talvi se refiere a su evolución en materia de ideas y políticas públicas desde aquel Chicago Boy liberal de los 90 al candidato presidencial auto definido como “liberal progresista” que compitió por los votos social demócratas de Danilo Astori en 2019, y que consiguió los suficientes como para contribuir significativamente al triunfo de lo que luego se llamó la Coalición Republicana.
Básicamente, Talvi aludió a su “ingenuidad” de entonces: “éramos ingenuos al pensar que, desregulando, bajando la inflación, reduciendo el déficit fiscal, liberalizando determinados mecanismos como la distribución del crédito, íbamos a lograr la prosperidad”. Notoriamente, el transcurso del tiempo, la maduración y la experiencia de vivir y desempeñarse en la profesión, dieron lugar a un saludable cambio en sus ideas.
Digo saludable, porque también yo viví, felizmente, un proceso similar. Yo compartí con Talvi esa ingenuidad cuando trabajamos juntos en los comienzos de los noventa.
Y para ilustrar al respecto, nada mejor que contar una anécdota que guardo entre mis mejores recuerdos.
Era marzo de 1990, se iniciaba el gobierno del presidente Lacalle Herrera y debimos realizar un ajuste fiscal contundente, del orden de ocho a diez puntos del PIB. El día 12 de ese mes comparecí a la Comisión de Hacienda del Senado, como asesor del ministro, a exponer los términos de ese ajuste fiscal. También debutaba en el Parlamento Danilo Astori, que, por la naturaleza del tema a ser tratado, llevaría la voz cantante de la oposición frentista.
Aquel día, tanto él como yo exhibimos posturas extremas, cargadas de ideología y el choque resultó inevitable.
Seis años más tarde, fuimos convocados por la periodista Sonia Breccia a su programa en el Canal 5 a compartir una entrevista conjunta. Ninguno de los dos era ya el mismo de 1990. El ejercicio del gobierno, uno desde la gestión y otro desde la oposición, había limado las aristas más punzantes de ambos y se dio una convergencia natural, sin fórceps, hacia posiciones más cercanas, que ambos explícitamente valoramos sobre el final de la entrevista.
Desde mi punto de vista, seguían siendo muy importantes cosas como las referidas por Talvi, pero entendí que con eso no era suficiente e incorporé la consideración de la dimensión social que estaba relegada en mi agenda.
Desde el punto de vista de Astori, él seguía sosteniendo su propósito social, pero ya no hablaba de cosas tales como repudiar la deuda y proclamar “No al FMI”. Lo que quedó ratificado cuando se rodeó de varios de los mejores economistas de izquierda en sus pasajes por el Ministerio de Economía y Finanzas, manteniendo y profundizando las políticas económicas que otrora denostaba.
No sé cómo le irá a Talvi en Buenos Aires, de hecho, no depende de él, pero creo que no le viene nada mal al equipo económico de Milei (y también al presidente) incorporar un experimentado macroeconomista, pragmático y con sentido social.


